19 agosto, 2006

Esperanza

¿Sientes esperanza en tu vida? Porque si no la sientes, deberías. Deberías.

Si tu puerta está cerrada, o si está abierta, no importa. Hay ciertas cosas que van entrar. Como la suciedad. Malos olores. Mugre. Humo. Esas cosas van a entrar sin invitación. Pero lo bueno, hay que traerlo. No importa si tu puerta está abierta o cerrada.

Aún si está abierta, no asumas que entrará automáticamente. No entrará. La esperanza tiene que ser invitada para que entre. La claridad tiene que ser cortejada. Entonces, de veras, ahí estará ese entendimiento y ese amor y esa pasión que necesitas tener por esta vida. De otro modo, esta vida se convierte en un misterio.

Cuando no tienes la pasión se convierte en un misterio. Demasiados “por qué” emergen. “¿Por qué es así?” “¿Por qué es asá?” “¿Por qué es de esa manera?“ y “¿Por qué de tal manera?”. Esto no se trata de “porques”. Eso no es la vida. Si falta la pasión, se convierte en por qué. Y cuando la pasión está ahí, no se trata de por qué.

Ninguna persona enamorada cuestiona: “Me pregunto por qué estoy enamorado en ti.” No hace falta. O, cuando se termina, entonces por supuesto, todos dicen:“ Me pregunto por qué me enamoré de esa persona.” Pero cuando existe la pasión, cuando existe la pasión y es una pasión verdadera, ninguna de esas cosas aparecen. No hay preguntas. Hay respuestas. Cuando existe claridad, hay simplicidad. No es complicado.

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