31 diciembre, 2006

Anhelando

Para nosotros, un milagro es cuando la leche sale de la pared. “Vaya, mira. La leche está saliendo de la pared.” Es gracioso. Realmente lo es. Porque si está saliendo leche de la pared es una advertencia. Primero, la pared no te pertenece. Si fuera tu sala, y la leche estuviera saliendo de la pared, existe un problema. Y cuando este tipo de milagro sucede, cuando sale leche de la pared de tu sala, llamas a un exorcista. Porque esto no es un milagro, esto es posesión. Pero cuando la pared es de otra persona, y no tuya, entonces esto es un milagro. “Wow.”

Y creemos que sabemos reconocer milagros. Creemos que sabemos. Cuando un milagro sucede justo debajo de nuestras narices y no tenemos ni la menor idea.

A la gente le gusta inventar historias, y creer en esas historias. Así, de alguna manera, podemos olvidarnos lo que está ocurriendo ahora. Cualquier cosa con tal de olvidar lo que está sucediendo ahora. Decimos, “Soy joven, soy viejo, soy pobre, soy rico.”

Mi deseo más verdadero es sentirme vivo. Sentir esta existencia. Sentir la bendición de mi Creador que llega y me conmueve. Recibir esa bendición. Quiero ser bendecido una y otra, y otra vez. Quiero ser deslumbrado por ese milagro. Quiero ser testigo de ese milagro. Sin ninguna duda, la existencia es un milagro increíble.

Dentro de cada uno de nosotros hay algo similar.

Los cuerpos tienen distintas formas. Es como una lámpara cuando ilumina: dará la misma luz ya sea que se encienda en la casa de un mendigo, en la casa de un rey, o en la casa de un santo. Dará la misma luz. Sin ninguna diferencia.

Nosotros sabemos sobre diferencias. No sabemos acerca de nuestra increíble similitud. Increíble semejanza. En este mundo, cada ser humano quiere sentir paz. En este mundo, cada ser humano quiere sentir alegría. No importa cómo lo llamen. Cada ser humano quiere sentir amor.

Maharaji

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