27 diciembre, 2006

Donde Estás

Hace mucho tiempo atrás, estuve en Miami, y estaba escuchando el canal de la marina. Y se escuchó este llamado a través del Guarda Costa. Este increíble llamado: “Guarda Costa, Guarda Costa, éste es el buque tal y tal, ¿sabe dónde estoy?”

La razón por la cual aún lo recuerdo, y esto pasó hace varios años atrás, es porque yo creo que tiene mucho que ver con la condición humana.
No con la humanidad, sino con los seres humanos, con cada persona.
El Guarda Costas volvió y le dijo, “¿Dónde estás? ¿Lo sabes? ¿Qué pasó?”
Él respondió: “Pues, yo…Estoy en esta lancha de carrera. Y he estado andando por dos horas, y no tengo idea dónde estoy.”
Él preguntó: “¿Bueno, a qué velocidad anda la lancha?”
Y él le contesta, “Oh, estuve yendo alrededor de 30 kilómetros por hora.”
Entonces, él está 60 kilómetros por ahí en el océano. Y te das cuenta, cuanto más lejos se va, que puede estar en cualquier lugar; no puede ver la tierra, y podría estar en cualquier lugar.
Le pregunta: “¿Tienes GPS?“
Responde: “No sé cómo usarlo.”
Este hombre se subió a un bote, lo manejó hacia el océano, pisó el acelerador, y fue por un paseo tranquilo de dos horas, teniendo toda la diversión del universo, hasta que se da cuenta que quiere volver a casa. Y entonces…la única forma, si alguna de las tres o cuatro estaciones de los Guardas Costas puede captarlo, es que ellos puedan ubicar su posición. Si no, tienen que desplegar helicópteros y luego triangular su posición desde donde está trasmitiendo. Afortunadamente, ellos pueden encontrarlo con la luz del día, porque esto estaba ocurriendo alrededor del atardecer.

Esto también se nos ha dado a nosotros. Hemos recibido un barco, y lo hemos lanzado al océano. Y alguien nos pregunta desde la bondad de su corazón: “¿Sabes dónde estás?” Sólo eso. ¿Sabes dónde estás?
¿Dónde estás? Porque por un lado, esta travesía puede ser asombrosa. El viaje puede ser tal que cada día esté lleno de belleza. De entendimiento. Cada paso dado con dignidad. Con orgullo. Con gratitud. Estando agradecido cada día a ese Creador por lo que te ha sido dado. Porque cuando esa gratitud emana de ti, te llenas con algo.Así que para mí, sin pretextos. Caminando con claridad, caminando con entendimiento cada paso del camino. ¿Qué crees que te traería esto? Te traería una dicha incomparable. Porque sería simple. Ésta sería una vida. Sería vivida. Tendría un propósito. Tendría una razón para vivir cada día. Y ese propósito no sería el caos. Aunque hicieras todas las cosas que haces…, “Tengo deudas, tengo deudas. Me voy a trabajar, ahí voy.” Tu trabajo, tus responsabilidades, lo que fuera, ni tú vas a ponerlas en riesgo, ni ellas te pondrán en riesgo a ti.
Nada será sacrificado.

¿El resultado? Una vida vivida con certeza. Cada día vivido con certidumbre. Cada día vivido con sentimiento. Cuando es un día luminoso, cuando tienes esa claridad. Es tan hermoso.

Maharaji

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