19 marzo, 2007

El Oro

En mis sueños, sueño que hablo desde el escenario, y a veces invento algunos buenos cuentos. Ésta es una de esas historias.
Eran tres hermanos. Y llegó el día, en que ellos habían crecido y sus padres eran más ancianos. Los hermanos decidieron ir cada uno en su propia dirección, y hacer su propia vida. Eso era lo que habían decidido. Entonces sus padres dijeron; ”Del oro que hemos depositado, cada uno de ustedes recibirá partes iguales.” Y le dieron a cada uno lo suyo.
El primer hijo recibió su cuota del oro, y comenzó a construir un refugio. El construyó una casita y también construyó un fuerte y hermoso hoyo en donde podría guardar seguro su oro. Él empezó rezándole al oro, diciendo “Tú tienes tanto poder. Por favor, llévate mi pobreza.” Eso fue lo que hizo. Cantaba todo tipo de canciones devocionales para complacer al oro. Eso fue lo que hizo el primer hijo. Todos los días.
El segundo hermano era un científico, tomó su parte del oro, y empezó a escribir cada día, diferentes historias sobre el oro. Él escribió:“este oro tiene el poder de aliviar mi pobreza.” Escribió todos los días. También escribió con admiración sobre el oro. Escribió sobre la belleza del oro.
El tercer hermano llevó su oro al mercado y lo vendió. Con el dinero, compró un pedazo de tierra, un arado, y otros materiales para la casa. Trabajó muy duro, y sembró frutas, aró el campo, y lo que crecía, lo vendía. Se convirtió en un gran negociante. Tenía mucho para disfrutar. Buenas construcciones. Grandes construcciones. Obtuvo un coche, y pasaron muchos años.
Los tres hermanos se encontraron, y comenzaron a hablar sobre sus vidas.
El primer hermano, sus ropas rotas, sucio y flaco, todavía estaba cantando con devoción al oro, diciendo “Tú eres magnífico. Tú eres poderoso.” El tercer hermano se volvió al segundo hermano y le preguntó: “¿Qué estás haciendo?” El segundo hermano respondió: “Empecé escribiendo sobre mi oro. Un día, este oro aliviará mi pobreza. He construído un santuario para el oro, rodeado de vidrio, y el sol lo alumbra, y el oro brilla. Empecé escribiendo tantos libros acerca del oro. He preparado tantas cosas. Estoy totalmente confiado de que un día el oro me ayudará a acabar con mi pobreza”.
Los dos primeros hermanos miraron al tercero. El tercer hermano dijo “Lo siento, vendí el oro en el mercado el primer día.” “¿Qué?”
Dijeron los dos primeros hermanos, sorprendidos . “¿Cómo pudiste venderlo?” le preguntaron. Él respondió: “con el dinero que obtuve, compré una tierra. Construí un edificio, y mi pobreza se fue para siempre. No tengo problemas con la comida. Ni problemas con la ropa. Todo está ahí, disponible para mí.” “Y ustedes dos, dijeron: “Si. El oro tiene el poder de hacerlo. El oro tiene el poder de alejar mi pobreza.”
Esta es la historia. ¿Qué puedes aprender de la historia? Este cuerpo, que tenemos, que te ha sido dado, ¿cómo estás usando tu cuerpo humano? ¿Para qué propósito? Como se ha dicho: el camino a la plenitud reside dentro. No afuera. Ninguno más. Esto es lo que se ha dicho.
La gente empieza a rezar, “Un día, la buena fortuna caerá sobre nosotros.” Ellos empiezan a cantar canciones devocionales.“Por favor, ayúdame, sálvame…” Y todo eso. Hacen todo tipo de actos de devoción. El primer hermano comenzó a cantar “Tú eres magnifico, tú eres el salvador, por favor, oh Dios…” Eso es lo que se está cantando. Todo tipo de canciones devocionales.
Por otro lado, el científico, el segundo hermano dijo: “A mi no me interesan las canciones devocionales”. “ Yo necesito una certificación. Necesito evidencias.” ¿Qué tipo de certificación necesitas? ¿No es el aliento que viene y va suficiente evidencia de que estás vivo? ¿No es evidencia de algo? Puedes ver que estás vivo. De eso se trata.
Ese aliento de vida, ese poder, es omnipotente. No hay un lugar donde ese poder no exista. Ese poder, ese Dios está también dentro de ti. Y tú estás mirando afuera.

Maharaji

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