22 agosto, 2007

La Oportunidad

Cuando llueve, en el desierto de la India, o en el desierto de África, o en el desierto de cualquier lugar; cuando llueve, es la misma lluvia, y hace que las plantas florezcan de la misma manera.
Nosotros no somos tan distintos. Al fin a cabo, no lo somos.
El desierto tiene todo lo necesario para no ser un desierto, salvo una cosa. Y esa cosa es el agua. El desierto no necesita semillas. Están allí. Las semillas de los árboles están allí, y las semillas de las flores, también. Y hay criaturas que están esperando. Enterrándose. Esperando. Tiene todo excepto el agua. Y cuando llega el agua, ya no es más un desierto.
Tienes la posibilidad de escuchar, de llenar tu corazón. De recoger. No se trata de las estaciones donde no llueve. El foco de todas las semillas en el desierto es uno y sólo uno. ¿Y sabes cuál es? La lluvia. Cuando se pone seco, las cáscaras de algunas de las semillas de las plantas que están en el desierto se vuelven realmente muy duras y secas.
Y en consecuencia, ya que no cae agua, siguen volviéndose más y más secas, y más duras y secas. Y ahora, tienen un poquito de humedad. Cuando la lluvia comienza a llegar, en esa maceta: ¡paf! , Y esas semillas ya están preparadas. Llega la lluvia, y allí están.
Tú eres una semillita en el desierto esperando florecer. Y yo estoy diciendo: “Florece.” Florece. Despliega tus pétalos. Toma el sol. La lluvia ha llegado. Y el desierto ya no es más un desierto. No se trata del espacio de tiempo; se trata de la oportunidad. La oportunidad de la existencia. Esto es lo que se te da.

Maharaji

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